La inteligencia artificial
(IA) puede definirse como el medio por el cual las computadoras, los robots y
otros dispositivos realizan tareas que normalmente requieren de la inteligencia
humana. Por ejemplo, la resolución de cierto tipo de problemas, la capacidad de
discriminar entre distintos objetos o el responder a órdenes verbales. La IA
agrupa un conjunto de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas
avanzados de computadora, busca imitar procedimientos similares a los procesos
inductivos y deductivos del cerebro humano. Se basa en la investigación de las
redes neuronales humanas y, a partir de ahí, busca copiar electrónicamente el
funcionamiento del cerebro.
Los dispositivos que cuentan con
inteligencia artificial pueden ejecutar distintos procesos análogos al
comportamiento humano, como la devolución de una respuesta por cada entrada
(similar a los actos reflejos de los seres vivos), la búsqueda de un estado
entre todos los posibles según una acción o la resolución de problema mediante una lógica formal.
En la actualidad, la forma de inteligencia
artificial más popular existe en los videojuegos, dado que su consumo es
masivo. En este contexto, se aplica a enemigos y personajes controlados por el
ordenador, para que su actuación a lo largo de la experiencia interactiva resulte creíble y parezca
espontánea. Demás está decir que el tipo de inteligencia artificial utilizada
en cada caso es diferente, y responde a una serie de necesidades particulares.
El avance en la investigación de las
redes neuronales va ganando terreno a una velocidad espectacular. Entre sus
aplicaciones destaca la poderosa computadora Deep Blue, que puede
vencer a cualquier jugador de ajedrez: no sólo tiene gran cantidad de jugadas
programadas, sino que aprende de su adversario, por lo que se va volviendo
capaz de adelantarse a las decisiones de su enemigo y hundir sus estrategias
antes de que prosperen.
Esas redes también se han usado en los
autos robot, que pueden circular por las autopistas a una velocidad normal con
un excelente margen de seguridad, y de hecho han cruzado la Unión Americana de
costa a costa sin que el conductor tuviera que tocar el volante o los pedales. Siguiendo
esta línea de avance, es posible que en la próxima década sea común que en la central
de autobuses una máquina pregunte al pasajero si desea viajar en un autobús
conducido por un humano o guiado por computadora; este último servicio será más
seguro y por lo tanto más caro. Se espera que en poco tiempo, imitando el
funcionamiento de nuestro cerebro, las computadoras ya no tendrán un gran
procesador, sino miles (y más adelante millones) de pequeños procesadores
totalmente interconectados entre sí, lo que permitirá la maravillosa capacidad
de aprender a través de experiencias recogidas por los “sentidos” de la máquina
(cámaras de video, micrófonos, etcétera).
Sin lugar a dudas, una de las aplicaciones
más interesantes y significativas de la inteligencia artificial es la
investigación científica. Con la ayuda de un ordenador, y más aún un conjunto
de ellos, se potencian considerablemente las posibilidades del ser humano de
descubrir los misterios que tan apasionadamente viene persiguiendo desde hace
siglos. Cuando se otorga a estos dispositivos la habilidad de aprender y de
discernir, se los convierte en entidades que rozan las capacidades de un
superhombre, dado que alcanzan velocidades de procesamiento imposibles para
nosotros y que no necesitan descansar para funcionar, entre otras ventajas que
los ubican por sobre los seres vivos en este contexto.
En
nuestra próxima entrada nanorobots
INSTITUTO UNIVERSITARIO POLITÉCNICO
“SANTIAGO MARIÑO”
EXTENSIÓN BARINAS
INTEGRANTE: José Daniel Plúas
PROFESOR: Jhoann Zambrano


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